
"LAS SOMBRAS NO TIENEN GÉNERO"
de Arantza Ibarra Basañez
Una novela que no te puedes perder.
Una protagonista que se enfrenta al racismo, a la homofobia
y mucho más.
Buenas tardes, Arantza.
Nos reunimos hoy para hablar, entre otras cosas, de tu novela ‘Las sombras no tienen género’, que ya al leer el título captó mi atención y cuando supe más, tuve claro que quería leerla y al hacerlo, quise saber más.
J.M.: Antes de entrar de lleno con la novela, me gustaría que nos contaras cosas sobre ti, para que nuestros lectores sepan un poco quién está detrás de dicha obra. Podrías contarnos dónde naciste, en qué lugar resides ahora, qué te llevó a querer escribir y cómo fue que deseaste ser cineasta, así como todo aquello que consideres de interés para un primer acercamiento.
A.I.: Actualmente vivo en Pamplona, aunque soy de Ondárroa, un pueblo pesquero de Vizcaya. De ahí nace mi pasión por el mar; siempre que puedo, necesito acercarme a él y olerlo. Nací en Guernica (Vizcaya), de donde es mi madre, y fue gracias a ella que, desde muy pequeña, empecé a amar el cine y la escritura.
Mi madre, desde joven, lo grababa todo en súper 8 y tenía una gran colección de libros y películas. Había hecho teatro y también participó en algunas pequeñas actuaciones cinematográficas. Hoy en día continúa devorando libros y, además, gestiona una fanpage de cine con numerosos seguidores.
Desde niña he sido una persona muy fantasiosa, con una gran capacidad para imaginar mundos diferentes, por lo que el cine y la literatura siempre me parecieron dos herramientas perfectas para expresarme.
Durante la adolescencia, a través de mis estudios de solfeo, armonía, piano y coro, comencé a escribir canciones y musicales, y más tarde mis primeros guiones. Sin embargo, estos no vieron la luz hasta que empecé a dibujar y a escribir cuentos infantiles.
Con el paso del tiempo, el arte sigue interesándome profundamente, pero mis inquietudes han ido evolucionando. Cada vez siento una mayor necesidad de escribir y dirigir proyectos de carácter social o centrados en realidades minoritarias, con el objetivo de abrir conciencias, dar visibilidad y, sobre todo, aportar mi granito de arena en un mundo que percibo cada vez más individualista, materialista y egoísta.
J.M.: Vayamos ahora con la novela ‘Las sombras no tienen género’, que nos habla de una joven afrodescendiente lesbiana, llamada Gabriela, nacida en Brasil, que decide romper con todo lo que la encadena, como es su familia clasista y homófoba, un barrio donde el machismo reina y una sociedad que nunca ha querido verla tal y como es. ¿Cómo nació la idea de escribir sobre Gabriela teniendo esas características? ¿Crees que sigue habiendo una problemática grande en la sociedad a la hora de aceptar en toda su dimensión a una mujer lesbiana aunque se diga muchas veces que no?¿Por qué quisiste unir los problemas que conlleva la homofobia y el racismo en un mismo personaje?
A.I.: La idea de escribir sobre Gabriela surgió por varios motivos. Llevaba tiempo con el deseo de escribir sobre la comunidad LGTBIQA+ y, además, muchas amigas me animaban a contar una historia sobre una relación entre chicas. Siempre lo había tenido en mente, pero no encontraba una historia que me atravesara de verdad y que, al mismo tiempo, me permitiera aportar algo, sembrar y ayudar desde la escritura, como yo sentía que debía hacerlo.
Ese punto de inflexión llegó cuando conocí muy de cerca a la persona que me inspiró para crear a Gabriela. En ese momento se unieron varios temas que me movían profundamente a escribir la novela.
Uno de ellos fue la salud mental, algo fundamental para poder vivir y que, cuando se descuida, puede llevar a situaciones extremadamente peligrosas como el suicidio. Anteriormente escribí y dirigí el cortometraje documental “Mi pequeño gran samurái”, en el que abordo la historia de Ekai, un chico trans de mi pueblo que se quitó la vida. Con la preocupación constante de visibilizar esta realidad y evitar que se repitan más casos, sentí que este debía ser uno de los ejes centrales de la novela.
Otro de los motivos que me impulsaron a escribir el libro fue la necesidad de hablar de las fobias que tanto daño siguen causando a la humanidad, así como de la intersexualidad, un tema del que apenas se habla y que continúa siendo muy desconocido.
La unión de la homofobia y el racismo en la novela nace directamente de la historia real de mi amiga. Quería mantener la verdad y retratar la realidad tal y como es, sin edulcorarla, siendo fiel a lo vivido. Por eso decidí escribir en primera persona, como si fuera la propia Gabriela quien cuenta su historia, porque me parecía una forma más directa y contundente de llegar al lector.
Por desgracia, los problemas de aceptación hacia las mujeres lesbianas siguen muy presentes hoy en día, y los hechos que narro en el libro lo demuestran.
La homofobia no es algo lejano ni exclusivo de otros países; ocurre aquí, muy cerca, con numerosos casos de agresiones. Vivimos en una sociedad profundamente hipócrita, donde muchas personas no expresan abiertamente lo que piensan, pero basta con rascar un poco para descubrir el rechazo que aún existe hacia la comunidad LGTBIQA+.
En este contexto incluyo también la discapacidad, ya que existe una marginación silenciosa y normalizada que sigue siendo una gran asignatura pendiente.
J.M.: Otro de los temas que salen en tu novela es el de la relación con otra mujer habiendo diferencia de edad notable. ¿Crees que es un inconveniente añadido aún ahora? Yo a lo largo de mi vida he visto bastantes relaciones de mujeres en que había diferencia de edad.
A.I.: Creo que el verdadero inconveniente no está en la diferencia de edad en sí, sino en el momento vital en el que se encuentran dos mujeres dentro de una relación.
Hay mujeres de 25 años que viven desde la calma, la estabilidad y la pausa, y encajan mejor con ese tipo de vínculo, mientras que también existen mujeres de 55 que necesitan más chispa, movimiento y ajetreo, algo que suele asociarse a personas más jóvenes. Todo depende de la persona, no de la edad.
Lo que sí influye es el contexto: la cultura, la educación, el entorno familiar y los gustos personales pueden generar más o menos prejuicios frente a una relación con diferencia de edad.
En el caso de Gabriela, siente una clara atracción por las mujeres mayores. Por un lado, por una cuestión de deseo, y por otro, por su forma de sentir y relacionarse. Las mujeres más jóvenes le resultan superficiales, centradas principalmente en salir y en una vida que no conecta con ella.
Gabriela se define como una persona tranquila; ese ritmo más acelerado la tensa. Por eso busca en su pareja madurez, estabilidad y paz, cualidades que encuentra en mujeres mucho más mayores.
J.M.: Otro tema que sale a relucir en tu novela es el de los abusos, en concreto hacia la protagonista, por parte de la pareja de su madre.
Una de las cosas que dejas bien claro es que dichos abusos no son lo que llevaron a Gabriela a ser lesbiana, porque el que le gustaran las mujeres ya estaba en ella. ¿Crees que es lo primero que piensa mucha gente al respecto?
A.I.: Sí, conozco a muchas mujeres muy cercanas que han sufrido abusos por parte de hombres de su entorno familiar o de amistad y que, ya en terapia, han tenido que trabajar para sostener y reafirmar su orientación sexual frente a comentarios de personas muy queridas que la cuestionaban o la ponían en duda.
A Gabriela le ocurre algo similar con su madre y sus hermanos, quienes creen que el abuso por parte de su padrastro fue el desencadenante de que le gusten las mujeres.
No obstante, Gabriela tiene claro desde que tiene uso de razón cuál es su orientación y lo que siente, independientemente de ese hecho traumático.
J.M.: Hablas en tu novela de la soledad del exilio, ya que la protagonista se va a Bilbao, pero aunque es una ciudad desconocida, descubre la posibilidad de ser, de amar libremente, de probar el sexo sin culpa y de escribir su propia historia tal como la siente. ¿Crees que le pasa a muchas personas en relación a su homosexualidad el hecho de tener que huir de algunos lugares para poder ser ellas mismas?
A.I.: He conocido a muchas personas que han tenido que marcharse de sus pueblos a ciudades más grandes para no enfrentarse constantemente a la crítica, al chisme y al señalamiento. A esto se suma que el acoso escolar no ha desaparecido; sigue ocurriendo, porque no todas las personas son iguales ni tienen las mismas herramientas emocionales para enfrentarse a determinados entornos familiares o sociales.
Por suerte, las generaciones más jóvenes vienen cada vez con más libertad, menos miedo y mayor conciencia, y eso es algo que, a nivel personal, me encanta y resulta muy estimulante de ver.
J.M.: Gabriela llega a ser modelo, rodeada de mujeres muy hermosas, y entonces se muestra femenina ante las cámaras, pero después muestra su parte masculina, vistiendo de forma completamente diferente. ¿Has visto esa dualidad en muchas mujeres lesbianas y por eso has querido hablar de ello o es porque en verdad resulta atrayente encontrarlo en una misma mujer?¿Crees que la parte femenina solo se da para poder navegar sin demasiados problemas por la sociedad y la otra se da más en el tiempo más libre e íntimo de la mujer? Yo he conocido a mujeres lesbianas femeninas que, además, tenían como pareja a otra mujer femenina. También he conocido a parejas en las que una era femenina y la otra no, e incluso, he visto a parejas en las que las dos eran claramente masculinas, por ponerle un adjetivo que se entienda. También he conocido a dos personas Intersexuales, una de ellas, gran Amiga mía.
A.I.: La verdad es que este tema daría para hablar largo y tendido. Hay tantas formas de ser y expresarse como mujeres existen, que reducirlo a unos pocos ejemplos no me haría sentir cómoda, porque la vida demuestra constantemente que siempre hay más maneras de sentirse y mostrarse.
Aun así, sí creo que algunas mujeres tenemos una energía más desarrollada —ya sea llamada masculina o femenina— y que esta no tiene por qué corresponderse con el cuerpo ni con la apariencia.
Gabriela, por ejemplo, vive en una dualidad constante. Cuando se muestra muy femenina, se maquilla, se peina y se viste de una forma muy marcada, no lo vive como una afirmación de ser mujer. Más bien lo siente como una especie de performance, casi como una drag queen, como si estuviera disfrazada, y esa parte le gusta precisamente por el juego que implica. No lo hace porque eso la defina, sino como una forma de expresión. A esto se suma su personalidad brasileña, muy ligada al deseo de agradar y cuidar a la otra persona.
Se cruzan muchos factores, pero en la intimidad es donde ella conecta con una energía más masculina, que es la que predomina.
Con el paso del tiempo, las experiencias y las relaciones pueden transformarte por completo y llevarte a lugares que nunca habías imaginado, algo que en la novela se refleja claramente en la relación que Gabriela mantiene con Laura.
J.M.: Otro de los temas que encontramos en tu novela es el del intento de suicidio. ¿Crees que hay muchas personas que por la problemática que puede llevar ser homosexual llegan a eso por no poder aguantar la presión? Yo conozco casos y sé su historia. Nunca he entendido qué problema ven en que una persona tenga una relación con una persona de su mismo sexo. También he visto mucho racismo, algo que me duele ver.
A.I.. El tema del suicidio es uno de los ejes importantes que me llevó a escribir esta novela. Mi intención es dar visibilidad y abrir el diálogo, porque encerrarse en uno mismo sin hablar de ello puede ser muy peligroso. Comunicarse es vital.
En casos como el de Gabriela, por ejemplo, al ser lesbiana, todavía se utilizan métodos extremadamente dañinos para intentar “reconvertir” o cambiar la orientación sexual, y lo mismo ocurre con la identidad de género.
Yo tengo mi propia teoría sobre por qué existen la homosexualidad y la transexualidad, que a muchos les puede parecer fantasiosa, porque no creen en estas ideas. Pero yo creo en las energías, en el alma y también en las vidas pasadas.
Según mi percepción, las personas que recuerdan en su interior alguna relación significativa que vivieron como hombre o mujer en otra vida, pueden estar inconscientemente buscándola de nuevo.
Del mismo modo, si alguien estuvo muy integrado en un cuerpo de un género específico en otra vida, es posible que, en esta, busque reconectar con esa energía que le hace sentirse completo o consigo mismo.
Cuanto más despiertos estamos, mayor es la posibilidad de recordar estas experiencias y aprender de ellas.
J.M.: Uno de los temas que me interesan mucho y que tratas en tu novela es el de la personas ‘Intersex’ o ‘Intersexuales’. Es que no entiendo el hecho de tener que decantarte por uno u otro sexo como si solo se pudiera estar en uno o en otro. Me alegra que haya personas que no hayan querido pasar por el bisturí. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
A.I.: El cuerpo es siempre bello y original, cada uno con la parte que le corresponde de lo que le ha dado la Madre Tierra. La intersexualidad forma parte de la naturaleza; siempre ha existido y siempre existirá.
Sin embargo, sigue siendo un tema muy desconocido, y por eso me parecía importante hablar de ello desde la carne, desde el cuerpo, desde la vivencia, mostrando todo lo que conlleva llegar a ser intersex, sin teorizar.
Es un tema bastante tabú: muchas personas intersex prefieren no decir que lo son por miedo a ser juzgadas.
Sin hacer spoiler, puedo contar que la novela aborda la intersexualidad desde la pura inocencia de alguien que se va descubriendo a sí mismo y a su propio cuerpo.
J.M.: Bueno… no voy a desvelar más porque de lo que se trata es de que lean toda la historia, pero me gustaría que hablásemos de tus películas. ¿Podrías contar a nuestros lectores cuál fue tu primer corto y de qué trataba?
A.I.: Curiosamente, mis primeros trabajos en audiovisuales no fueron cortos, sino spots publicitarios, cuando trabajaba en publicidad.
Me encantaba el arte y la creatividad que podía aportar, y lo encontraba muy divertido, aunque siempre echaba de menos poder hacer lo que realmente llevaba dentro, en lugar de limitarme a ejecutar lo que quería el cliente. Todo estaba bastante establecido: los colores, la temática, el logotipo, el estilo, la música… y cuando te apasiona crear, eso se siente como un corsé que te restringe.
J.M.: ¿Puedes hablarnos de tu primer largometraje cuyo título es ‘Los castigadores’, que aborda con valentía el acoso escolar?
A.I.: Durante mucho tiempo quise hacer algo sobre el acoso escolar, pero no pensando en los adultos, sino en los niños, para que pudieran ver y entender lo que ocurría.
La mayoría de las películas sobre el tema eran dramas muy serios, que los niños no suelen ver, así que se me ocurrió escribir un guion pensado para ellos, algo que quisieran ver por sí mismos. De ahí nació la idea de tres niños que se unen para castigar a los “malos”, como si fueran superhéroes.
Estrené la película en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 2011, y estoy muy contenta con el resultado: los niños disfrutan viéndola, y las escuelas me llaman para hablar sobre la película y trabajar con ellos. Es impresionante cómo los profesores descubren cosas sobre sus alumnos cuando se aborda el tema desde el juego y la interacción con la película.
J.M.: Tu segundo largometraje tiene por título ‘La ama’, que explora el universo del BDSM desde una perspectiva honesta y humana, desafiando prejuicios. Para los que no sepan qué es, se trata de prácticas eróticas libremente consensuadas, que son consideradas como un estilo de vida. Se trata de una sigla que combina las letras iniciales de las palabras Bondage-Disciplina, Dominación-Sumisión, Sadismo-Masoquismo. BDSM es un anglicismo creado para abarcar dichas prácticas. ¿Qué nos puedes contar de ella?
A.I.: Mi segundo largometraje lo hice junto a mi amigo Luisje Moyano; escribimos el guion juntos y hasta nos encargamos de la producción. La verdad es que la producción no es lo mío: me interesa mucho más la parte creativa.
Mucha gente se sorprendió cuando pasé del cine infantil al adulto con esta temática, pero lo que muchos no comprenden es que las personas no somos solo una cosa; somos una infinidad de ellas, y por eso se puede abordar una gran variedad de temas que nos interesen.
“La Ama” la grabamos en un cortijo rural de Jaén, y a mí me interesaba explorar las diferentes jerarquías psicológicas, que muchas veces no tienen nada que ver con las apariencias. También quería trabajar las sombras del ser humano y el erotismo sutil, elegante y fino, que siempre me ha llamado la atención, así como los fetichismos, desde un enfoque respetuoso y cuidado.
J.M.: Para terminar, ¿qué añadirías a la entrevista, para redondearla, que consideres importante?
A.I.: Ahora mismo está en festivales mi último corto documental, “La carrera contra Duchenne”, que habla sobre la enfermedad de la distrofia muscular de Duchenne, que no tiene cura, y que considero muy importante visibilizar. Además, entre los nuevos libros que estoy preparando, también he retomado el dibujo y la escritura de poesía, algo que llevaba tiempo sin hacer y que me apetece explorar y profundizar.
Y sobre Gabriela puedo decir que no va a dejar indiferente a nadie: es directa, cálida, sexual y sensual a la vez. Su historia invita a descubrirla, a meterse en su mundo y a sentir de cerca todo lo que la hace única.
Juana María Fernández Llobera

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