
‘Florezcan azules las hortensias’
de Cristina Ruíz Guerrero
Esperanza para
Trastornos de la conducta alimentaria.
Cuando del dolor fluye belleza para
ayudar a otros.
Buenas tardes, Cristina.
Nos reunimos hoy para hablar de tu Poemario cuyo título es ‘Florezcan azules las hortensias’, que nos habla de los trastornos de la conducta alimentaria, en concreto, de cómo vive una madre el proceso de enfermedad y sanación de una hija con uno de dichos trastornos. A mí me ha parecido fantástico que se hable de ello, porque considero que es muy importante ya que cada vez hay más casos.
J.M. Antes de hablar del poemario, me gustaría que hablaras de ti, sobre todo de la evolución de tu faceta literaria, para que nuestros lectores tengan un primer acercamiento sabiendo un poco quién está detrás de tan expresivos y emotivos versos.
C.R.: En primer lugar, muchas gracias, Juana, por darme voz. Te cuento: soy catedrática de Lengua y Literatura, durante casi cuarenta años he ejercido la docencia en institutos andaluces y franceses (dentro de los programas de “Educación en el exterior” del Ministerio de Educación). He escrito desde niña, fundamentalmente poesía, en cuadernos que he ido guardando, esperando el momento adecuado. Cuando me jubilé, fue con el propósito de dedicarme, por fin, a la escritura, y así lo he hecho. Realicé algún taller de formación, que me permitió cambiar la perspectiva de profesora a autora, y opté por presentarme a concursos para poder publicar. Así he publicado poemarios como Cuando silbe el viento del este (2023), Velo de flor en 2024 (Premio Nacional “Mario López”) y el libro de relatos El Café de Levante (2023), y distintas narraciones y poemas en antologías y en certámenes en los que quedé finalista.
Florezcan azules las hortensias es el primer libro que publico ajeno a concursos, lo envié a la editorial Peripecias, les interesó, y aquí está.
Los temas sobre los que escribo se mueven desde el intimismo al compromiso social, ecológico, feminista, a la reflexión lectora, e incluso algunos intentos de poesía infantil.
J.M.: Se expone en el Prólogo de tu Poemario, escrito por Ana Sofía Pérez-Bustamante, Doctora en Filología Hispánica y Escritora, que para dar cuerpo escrito al dolor has escogido una línea ligada al lenguaje de las flores, algo muy andaluz (eres de Cádiz). Según se dice en el prólogo también, las hortensias azules, que veías en tu balcón cuando estabas destinada en Brest, simbolizan para ti la belleza, la armonía, la plenitud vital. ¿Puedes explicar a nuestros lectores cómo nació el que ella prologará tu poemario y si las hortensias azules simbolizan para ti también la esperanza, razón por la cual al final de los poemas utilizas metáforas relativas a ellas?
C.R.: Conocía muy poco a Ana Sofía, pero siempre me pareció una mujer de una gran solvencia intelectual y una magnífica poeta. Me atreví a preguntarle si me prologaría el libro, y, muy generosamente, accedió con entusiasmo desde el primer momento, por lo que le estoy enormemente agradecida.
La presencia de la naturaleza es una constante en mis escritos, el mar (y los elementos naturales que le acompañan) es un referente siempre, no en vano vivo en Cádiz, que prácticamente es una isla. Creo que necesitamos vivir en contacto con la naturaleza, porque nos devuelve a nuestra humanidad. Las flores son la forma más sencilla de unidad con la naturaleza, las podemos tener en nuestra casa, por eso las tengo siempre presente como presentes están en la lírica popular y en la poesía andaluza. Las hortensias azules son muy especiales: realmente estaban en los balcones de mi casa cuando trabajaba en la Bretaña francesa y mi hija estaba enferma en España, se convirtieron en el símbolo de la esperanza, de la recuperación, del renacer de la vida. Las incorporé de una forma natural a todos los poemas, matizando su valor según el texto.
J.M.: En el primer poema, tras una pregunta de la Magnífica Poeta Carmen Conde (¿Por qué mi sueño encontró/ tan erizado archipiélago?), comienzas el mismo de la siguiente forma:
“Inapetencia. Perdía anormal del apetito.
Anorexia. El diccionario escupe las letras
que rebotan en el espejo y arañan
como arañan los gatos abandonados,
con el desvalimiento en los puñales
de sus párpados, y las vocales hieren
con sus puntas
afiladas
de estrellas
derrumbándose, erráticas, en un jardín
que acuna pétalos sin estambres”.
Yo, que padecí una anorexia nerviosa al morir mi pareja en un accidente de coche que presencié, no podría haberlo descrito mejor. ¿Crees que no se habla lo suficiente de la parte emocional que conlleva el tener anorexia?
C.R.: Siento mucho que hayas sufrido esta enfermedad tan dolorosa, y espero que estés recuperada. Creo que la visión que se tiene de los TCA, y en concreto de la anorexia es muy superficial, muy banal, frecuentemente se piensa que es un “capricho” de niñas que quieren ser modelo, por lo que, quienes la sufren, están estigmatizados. Uno de los objetivos de la publicación de este poemario es visibilizar la complejidad que oculta la anorexia, hay detrás múltiples causas que van desde duelos por la muerte de un ser querido, desafección materna y/o paterna, acoso, abusos sexuales, entrenamientos deportivos de extrema exigencia, hasta homosexualidad o transexualidad no aceptada o reprimida por el entorno… y frecuentemente se asocia a otro tipo de trastornos como TOC, etc.
J.M.: ¿En tu Poemario vas describiendo distintas etapas de la anorexia y el deterioro que va sufriendo el cuerpo? ¿Qué es lo que consideras más impresionante de ella?
C.R.: Todo es doloroso en la transformación física, esa pérdida de peso, de masa muscular, la caída del cabello, el frío intenso, la tristeza de la mirada, la extrema vulnerabilidad… En mis poemas he querido dignificar esos cuerpos estigmatizados: “tu delgadísimo, frágil, joven/cuerpo”, “pasos/esquemáticos/ livianos, lentos, como sin huellas”, “silueteas/ tu delgadez/ añil”, “bellas esquemáticas”…
J.M.: ¿Cuál crees que es el primer paso que tienen que hacer unos padres cuando evidencian que existe ese problema?
C.R.: Las personas más próximas son las últimas en ser conscientes del problema (y frecuentemente la familia es también el origen). La sensación primera es de desorientación. Hay que acudir al personal médico especializado, el problema es que es casi inexistente en la sanidad pública, y los centros privados implican un coste económico inasumible para la mayor parte de la población afectada.
J.M.: Cuando se toma la decisión de llevar a un/una adolescente con anorexia a un centro especializado, algo que aunque cause dolor sabes que tienes que hacer, ¿qué crees que les cuesta a ellos más? Hay un fragmento de un poema tuyo que me hizo ver muchas cosas, que dice así:
“Los pasamanos de las escaleras
vigilan
los ojos sin lágrimas
que naufragan en la prohibición
de los espejos”.
C.R.: Cuesta todo: los espejos desaparecen de las habitaciones, deben estar cubiertos, cada movimiento está cronometrado y vigilado, incluido ir al servicio, la ducha, el tipo de comidas…Por lo que yo conozco es una metodología conductista muy dura que se complementa con otro tipo de actividades y tratamiento psicológico.
J.M.: Me ha parecido un Poemario muy hermoso pese al dolor, que me ha emocionado muchísimo. Al final del mismo, aparte de dedicar el Poemario a unas persona en concreto y a tus alumnos y alumnas que padecieron esa enfermedad, lo dedicas a : “Para todas las personas que luchan a diario con dolorosos trastornos físicos o psíquicos, ignorados por una sociedad normativa que invisibiliza la diferencia”. Yo lo viví, así que puedo dar fe de la invisibilidad de la que hablas. ¿Cuál crees que es la primera medida que se tendría que tomar frente a ello ya que cada vez hay más casos?
C.R.: Vivimos en una sociedad que, a pesar de la apertura experimentada en las últimas décadas, es muy normativa, y no me refiero únicamente a la imagen física, también a la personalidad: debemos responder a unos parámetros impuestos por los medios de comunicación, la publicidad, las redes sociales, que finalmente solo tienen un propósito, convertirnos en personas acríticas, deshumanizarnos para transformarnos en consumidores, que es de lo que se trata, capitalismo salvaje. Y por desgracia estamos asistiendo a un repunte conservador y antifeminista que nos quiere volver a encerrar en esos modelos falsos. Así que tenemos que mostrarnos tal como somos, tenemos que tomar la palabra y los espacios físicos reivindicando nuestra multiplicidad, nuestra diferencia.
J.M.: Hablas en el Poemario de la primera visita que se hace al centro en el que el adolescente/la adolescente está. ¿Qué es lo que más impacta aunque sabes que es el posible inicio de un proceso de salir de la anorexia?
C.R.: Impacta la sensación de que aquello es un mundo aparte, fuera de la vida exterior, desconectado de la realidad, de ahí que hable en los poemas del templo de las vestales o de conventos de clausura.
J.M.: ¿Por qué crees que hay un aumento de casos de anorexia y otros trastornos alimenticios y cuál crees que es la principal causa que se da entre adolescentes?
C.R.: No soy una especialista en el tema, soy profesora y poeta, pero el aumento es real y creo que está relacionado con lo que antes explicaba: vivimos en una sociedad muy compleja, con muchas exigencias, con muchas imposiciones de modelos de conducta, lo que lleva también a mucha soledad y aislamiento. Las redes sociales registran -y martirizan- a quienes son menos normativos. Y los adolescentes son los más vulnerables. La anorexia, frente a todo esto, presenta una forma, errónea por supuesto, de tener el control de tu cuerpo y de tu vida.
Es necesario que en los centros escolares y en los centros de salud haya especialistas en psicología y en psiquiatría porque es muy alarmante la cantidad de jóvenes (sobre todo chicas) y adultos (sobre todo mujeres) afectadas por esta enfermedad.
J.M.: No voy a desvelar más, porque me gustaría que leyeran tu magnífico Poemario. Me gustaría, sin embargo, que nos hablaras, a ser posible, de algún proyecto que tengas en marcha o en mente.
C.R.: Pues ahora mismo tengo cinco poemarios inéditos, y una veintena de relatos, ten en cuenta que escribí Florezcan azules las hortensias en 2018, lo he revisado y corregido muchas veces, pero, entre tanto, también seguía escribiendo sobre otros temas. Cuando recobre la calma, tengo varios proyectos ahí, a la espera.
J.M.: Para terminar, ¿qué añadirías a esta entrevista que consideres importante y que yo no te haya preguntado?
C.R.: Me gustaría destacar que este es un libro de poemas, que desde el primer momento quise escribir poesía, no un libro de desahogo emocional, testimonial o de autoayuda. Ese trabajo consciente sobre el lenguaje poético es toda una reflexión que implica un distanciamiento de la experiencia biográfica para universalizar, para que otras personas sientan los poemas como suyos.
Y en otro ámbito, con este poemario quiero ofrecer esperanza, porque las hortensias azules florecen, pero, para ello, es necesario que la Sanidad Pública disponga de medios y especialistas.
Muchísimas gracias, Juana, por esta entrevista.
Juana María Fernández Llobera

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