CONVERSANDO CON ISABEL MONTERO GARRIDO
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CONVERSANDO CON ISABEL MONTERO GARRIDO

Su poemario: "El fulgor de las aguas entre los árboles"

Isabel Montero Garrido | 26 ene 2026


"EL FULGOR DE LAS AGUAS ENTRE LOS ÁRBOLES"

de Isabel Montero Garrido

Un libro que tiene luz.

Nos lleva al interior del bosque, a su magia a los ritos de los pueblos, a las creencias y a la mitología.

 

Buenas tardes, Isabel.

Nos reunimos hoy para hablar de tu Poemario ‘El fulgor de las aguas entre los árboles’. Me ha emocionado ya que yo soy una enamorada de los bosques. De hecho, vivo pegada al bosque del castillo de Bellver en Palma de Mallorca. Me gusta esa fusión que he hallado en tu Poemario con la Naturaleza. 

J.M.: Antes de adentrarnos de pleno en el Poemario, quisiera que me hablaras de ti. Me gustaría que explicases a nuestros lectores cómo fue que decidiste ponerte a escribir, qué te impulsó a ello. Podrías contarnos a qué te dedicas además de a escribir. También podrías hablarnos de dónde has nacido, dónde resides actualmente y todo aquello que consideres conveniente para una primera aproximación.

I.M.: Primeramente, agradecerte, Juana, por esta entrevista. En cuanto a mi escritura, lo hago desde niña. Igualmente soy una lectora empedernida. Cosa distinta es cuando me planteo publicar lo que escribo. El hecho de publicar lo pienso después de jubilarme. Yo me he dedicado a la docencia durante 38 años. He sido funcionaria desde el año 93. Nací en San Sebastián (Guipúzcoa) y viví primero en Rentería hasta los 7 años y luego en Trintxerpe, un distrito de Pasaia. A orillas del puerto pesquero. Estoy por tanto muy vinculada al mar y a los montes que rodean la bahía de Pasaia. En el año 81 me vine a Madrid por motivos laborales y donde resido, aunque he seguido vinculada a mi tierra siempre, ya que mis padres vivían allí. Actualmente también hago alguna escapada. Pero sí publicar fue después de la jubilación. La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en su sede en Madrid, publicó mi primer libro de poemas “Plasma de los vivos” en marzo de 2018, con un prólogo del entonces delegado Iñigo López de Uralde. En 2020, salió “Intervalos”, editorial La fragua del Trovador, un libro de poemas en prosa que aborda la temática del dolor y en 2023, “El fulgor de las aguas entre los árboles”, libro del que vamos a hablar. Por último, decidí —no sin cierta turbación —, publicar algunos de mis relatos en el volumen “Salón de Proyecciones” en 2023. Estos dos últimos libros que he citado han sido editados en Mahalta ediciones.

Todos mis libros tienen una lectura universal en cuanto a que en todos trato los temas universales como el acontecer de los seres humanos enfocado a un compromiso social, la vida, la muerte, el amor, la familia, el compromiso con la naturaleza y la necesidad de preservar esta…Por tanto creo que pueden ser leídos en cualquier latitud. 

J.M.: Prologa tu Poemario, la periodista Raquel Pérez, que nos dice que hablar de ti es hablar de sensibilidad pura, de la esencia plasmada en letras, y no puedo estar más de acuerdo, porque eso me han transmitido tus poemas. ¿Cómo surgió que prologara ella el Poemario?

I.M.: Raquel es buena conocedora de mi trabajo literario y de mi dedicación, además de ser una persona profundamente formada tanto en el ámbito periodístico como en el literario. El Fulgor es un libro especial para mí y creo que nadie mejor que ella para prologarlo. Asimismo, es una mujer con una gran sensibilidad; no podía ser otra persona.

J.M.: El Poemario ‘El Fulgor de las aguas entre los árboles’ tiene dos partes. La primera, que titulas ‘el fulgor de las aguas’ y una segunda, cuyo título es ‘entre los árboles’. ¿Puedes explicar a nuestros lectores la razón de dividirlo en esas dos partes? 

I.M.: Verás, en un primer momento el libro fue un todo y —más adelante creo que hablaremos de esto —, pero en el momento de conformar o armar el libro me planteé esta división. La primera parte es un diálogo entre dos “yoes” poéticos más intimista y en la segunda el libro se abre más a un “nosotros”, un nosotros quizá como colectividad, por ejemplo, en el poema que dice “/los hombres golpearon a la tierra con sus bastones/”, se inicia una llamada a un despertar humano. De hecho, yo me baso en un rito ancestral que hoy en día se celebra en Santa Águeda, y es una llamada al despertar de la primavera. El caso es que yo veo a la primera parte con la “espiritualidad” del ser humano individual y a la segunda es el camino hacia lo universal o la colectividad. Pero eso lo veo yo. Este libro es un libro que puede ser leído desde muchos ángulos y deja espacio a diferentes interpretaciones por parte de los lectores. Me gusta escribir así, —yo lo llamo “a capas” —, y dar paso al lector como un elemento más del hecho literario. 

J.M.:  Comienza y acaba el Poemario con dos versos iguales, que dicen así:

‘llegaste a mí

no sé bien cómo’

¿Elegiste comenzarlo y acabarlo de esta forma para que quedase claro que la historia trata de una alguien en concreto aparte de la comunión erótica con la Naturaleza que se respira en tus intensos poemas? ¿Es la evolución de esa relación o es la evolución de la conjunción con la Naturaleza?

I.M.: Bueno, es una pregunta difícil. Es verdad que en poesía nada es al azar. Todo se hace por algo. Primero da al libro un matiz circular, como los ciclos naturales y de vida: todo comienza y termina, pero, vuelve a empezar. La historia es un “yo” poético que dialoga con un “tú”poético también. No es una persona concreta. Es para cada lector quien necesite que sea. Hay sí, una sensualidad extrema en algunos poemas, una llamada a la unicidad, y hay una búsqueda. Es la búsqueda del “no lugar” del que habla María Zambrano en el que podemos salvarnos. Es una poética íntimamente ligada a la mística española, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, son poetas de los que hay una gran influencia en este libro. Hay una comunión con la naturaleza. Tiene que haber una comunión con la naturaleza para lograr el equilibrio humano. Por tanto, tiene que haber una evolución. La hay en el libro, es lo que llamamos el arco del personaje, de esos personajes que vemos y del bosque, porque el bosque es un personaje también en sí mismo. Hay una figura de personificación. Si es verdad que muchas personas me hablan de lo erótico y realmente no se si tenía yo misma claro que existía ese aspecto. Y está, claro y también, existe esa sensualidad, abierta, porque yo no quiero especificar la naturaleza de esos “yoes”, así queda a la interpretación de cada persona y eso me parece maravilloso: la sensualidad y la naturaleza de los personajes. No sé si he contestado a lo que me preguntas, Juana. 

J.M.: Hay una parte de un poema que para mí expresa mucho, que dice así:

‘me pediste confianza y los cielos

se abrieron a la linfa de tu boca

al agua de tu mar inesperado’

¿Es ese tipo de pasión/sentimiento que de repente te abre en canal y que barre lo negro que ha habido en la vida? ¿Qué nos puedes decir respecto a esos versos?

I.M.: Es una emoción y, si me permites, uso tu misma expresión “abre en canal”. Es buena, porque aparece por sorpresa, pero igual no es tan buena, porque el mar es un elemento variable y a veces, traicionero. El mar tiene sus veres. El mar Cantábrico es un mar bravo capaz de destrozar los elementos que tiene delante. No voy a hacer un spoiler con el libro, pero hay que mirar ese mar inesperado que llega de repente. Es una pregunta que me gusta que me la hayas hecho. No sé si es bueno lo que en realidad pasa. 

J.M.: En uno de tus poemas expresas:

“somos árboles anclados a la tierra

con las ramas abiertas en múltiples

bifurcaciones dibujos en el aire

y heterogeneidad

 

se mueven al ritmo de la vida

se mueven al ritmo de la muerte

y su interpretación

 

damos palos de ciego con los ojos vendados”.

Entiendo que haces referencia a la complejidad del ser humano, a sus múltiples facetas, que conlleva el andar por distintos derroteros sin saber muy bien cuál va a ser el resultado y si es conveniente una u otra acción. Aparte, de la diversidad. ¿Qué nos puedes decir de estos versos? 

I.M.: Sí, exactamente quiero expresar eso. Y que a veces nos suceden cosas que no sabemos por qué, o no sabemos resolverlas y entramos en contradicciones e incluso en hundimientos personales. Nos cuesta nadar hacia la superficie. También quiero hacer referencia a los acontecimientos trágicos que suceden en el mundo y que no comprendemos por qué. El hecho de “el mal” que destroza a inocentes por la egolatría de “ciertas” personas. El sufrimiento de los niños, por ejemplo. 

J.M.: Hay un poema que comienza con ‘el fulgor de las aguas’. ¿Fue el primero que escribiste y de allí el título del poemario, que se complementó con ‘entre los árboles’ o cómo nació el poemario y cuál fue su evolución?

I.M.: No, y te vas a reír. Empecé por el principio. El poemario nació en un momento muy difícil. En la pandemia mundial COVID 19, yo estuve muy enferma con una hospitalización en casa. Y me quedaba sola porque mi marido era personal esencial. Realmente me estaba muriendo. Saturaba muy bajito durante mucho tiempo, casi dos meses. Me pusieron tratamiento en el hospital, pero a mí me llamaba un médico desde Cádiz. Yo me quedaba con un cuaderno y un boli o lápiz, no recuerdo. Y tenía muchas ensoñaciones. Veía cosas de mi infancia, los miedos en la calle, yo me crie en un lugar donde había mucha violencia. El caso es que me venían imágenes, las tanquetas en el Boulevard de San Sebastián, salir corriendo por los puentes, los autobuses quemados, volver a casa por el monte Ulía de noche porque había mucho jaleo en las calles, y fuego y tiros, el caso es que me venían como flashes, pienso que los niños y niñas que nos criamos en lugares violentos nos quedamos marcados. Es una violencia gratuita. Y que no comprendes en absoluto. No sabes ni cómo ni por qué.  A mí me venía eso y luego una voz. Es como si hubiera escrito un libro dictado. Eso fue El fulgor, un libro dictado, un libro para salvarse. Para mí el monte es un lugar seguro, porque en el monte, cuando íbamos a bañarnos a las rocas, o a caminar, o iba a la montaña con mis amigos estaba segura. Estaba fuera de la ciudad. También fuera del puerto, los puertos en aquella época eran complicados, ya sabes mucho marino de paso…drogas, en un puerto había de todo…Yo soy de un barrio humilde y en aquel tiempo con mucha problemática. Cuando estuve algo mejor ya con lo que tenía me puse a pasar al ordenador y a montar el libro. A construir “El fulgor de las aguas entre los árboles”. Es un libro para salvarse y un libro que salva. Así lo veo yo.

J.M.: Hay un poema de la segunda parte que me gusta muchísimo, que comienza así:

“las sombras arraigadas en tus manos

como rostro de rostros enmarcados

sin sensibilidad 

dañan el jardín oculto

en el cuerpo la distancia

del rostro al firmamento”.

¿Puede ser que en la segunda parte se vean más los sentimientos que nos atan y que la primera parte sea más libre? ¿Qué nos puedes decir al respecto?

I.M.: Sí, porque ya en la segunda parte hablo de esa colectividad. Nos atan las emociones, y, por tanto, los sentimientos. Es un poema precioso, para leer una y otra vez. A mí también me gusta mucho.

J.M.: No voy a desvelar nada más, porque no quiero quitar el misterio y la magia de leerlo entero. Me gustaría saber, sin embargo, si es posible, si tienes algún proyecto comenzado o en mente del que nos puedas adelantar algo.

I.M.: Mira, sí, siempre ando en algo. Tengo un libro de poemas terminado y estoy en otro; también tengo recopilados unos haikus que podrían ser un libro, y alguna cosa más.  Y, por otro lado, estoy con una prosa. Quiero ver si abordo una novelita corta. 

J.M. ¿Podrías hablarnos brevemente de tus otras obras? ¿Cuál te costó más escribir y cuál fue la razón?

I.M.: Sí, a ver, yo soy de una escritura lenta por dos razones, soy perfeccionista y no creo en mí misma. Caigo con facilidad en el síndrome de la impostora. Y reviso, y reviso todo. Tampoco suelo tener prisa en publicar…”Intervalos” es un libro del que he hablado arriba en el que estuve nueve años haciendo y deshaciendo. Probando ritmos y formas. “Plasma de los vivos” tardé bastante con la primera parte porque en ella hablo del puerto industrial, del hierro, de chatarra incluso nuclear y quería que se masticara ese hierro con el lenguaje.

En mis obras suele haber elementos fijos, como la naturaleza: monte, mar, árboles, plantas…Los barrios en la prosa, los barrios obreros, sobre todo, la lucha por la supervivencia de las personas…Creo que nacer en un lugar o en otro te determina y en muchos casos para mal. Por ejemplo, casi toda mi generación en mi barrio falleció a causa de la heroína u otras drogas y sus consecuencias. Sé que es difícil salir de la pobreza. Y eso me gusta plasmarlo. He trabajado mis últimos quince años de docencia en el ámbito de la “desventaja social”. Y eso está en mis libros. La mujer, y su desventaja en esta sociedad patriarcal. Suelo hablar de “violencias” en todas sus ramas. La soledad, la enfermedad, la vulnerabilidad de las personas ancianas, la desigualdad social, las diferencias, las diversidades funcionales, las guerras, los genocidios.... Esos son temas que a mí me mueven. 

J.M.: Para finalizar la entrevista, ¿qué añadirías a la misma para redondearla y que pienses que es importante que la gente conozca?

I.M.:Sí, hay un fenómeno en muchas ciudades de mar y que ocurre en San Sebastián: después de llover a veces, sale el sol y entonces todo, —edificios, árboles mobiliario urbano —se ven como envueltos en un halo de brillo. Un brillo que tiene un nombre pero que no recuerdo ahora mismo. Este brillo se me antoja como un fulgor. Ese fulgor es la inspiración para mí; un resplandor metafóricamente hablando. Es la luz. Esa luz que hay que encontrar o hay que saber ver para seguir viviendo.

“El Fulgor de las aguas entre los árboles” tiene muchas lecturas, reflexiones, pensamientos, cantos a la naturaleza… Nos lleva al interior del bosque, a su magia a los ritos de los pueblos, a las creencias y a la mitología. Y, sobre todo, es un libro que tiene luz.

Me gustaría resaltar la portada. Es un acrílico de un pintor Donostiarra, Kepa Lucas, amigo de la infancia, el cual me regaló la pintura y el permiso para poder utilizarla para la portada. Se titula “Basoa” que quiere decir bosque. Y es el mismo bosque que habitamos en la infancia.

Muchas gracias, Juana, por esta entrevista. Ha sido un placer hablar contigo.

 

                                                     Juana María Fernández Llobera

 

 

 

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