
La vida de Erika
Capítulo Tres
Erika está nerviosa por lo del concierto. Siente como Juanjo se ha alejado de ella porque quiere figurar más que nadie, pero tiene que hacerle entender que eso solo va en perjuicio del grupo y que no saldrá nada bueno de ello. Ambos reciben clases para mejorar y Erika está muy contenta de poder tener clases por parte de Pedro, ya que es muy atento y paciente. En pocos días ha evolucionado mucho, ya que explica muy bien.
Una tarde, cuando falta solo una semana para el concierto, Daniel aparece en el garaje donde ensayan para darles una noticia.
—¡Hola chicos! Vengo a hablar con vosotros.
—¿Qué pasa? —pregunta Erika mientras deja la guitarra en el soporte.
—Pues veréis, voy a ser él batería de un grupo y me voy a tener que ir de gira con ellos. Además, tengo que ensayar y, sintiéndolo mucho, tengo que dejar vuestro grupo.
—Solo falta una semana para el concierto, no nos puedes dejar tirados a estas alturas—expresa Juanjo visiblemente enfadado.
—Lo siento de veras, pero es mi oportunidad y no voy a desaprovecharla. Podéis tocar sin batería incluso, lo hacéis muy bien sin mi.
—¡Venga ya! Eso no te lo crees ni tú—comenta Juanjo con la cara roja de la rabia.
—Tan sólo venía a deciros eso. ¡Suerte! Seguro que lo hacéis muy bien.
Todos se sentaron en el suelo del garaje abatidos. Ahora que tenían una oportunidad se iba todo garete. No sabían cómo resolver ese contratiempo. Tras unos minutos en silencio, Erika expuso:
—Voy a preguntarle a Pedro si conoce a algún batería que pudiera tocar con nosotros por lo menos el día de la actuación.
—Eso no es viable, porque no ha ensayado con nosotros los temas—comenta Juanjo.
—Bueno, ya veremos—responde Erika.
Esa misma tarde, como Erika tiene clase con Pedro, le cuenta lo sucedido y le pregunta si conoce a alguien que pueda ayudarles. Entonces, se queda pensativo un momento y le responde:
—Yo puedo tocar la batería. Es uno de los instrumentos que tocó aparte de la guitarra. De hecho, fue el primer instrumento que aprendí a tocar.
—¿En serio?
—¡Claro!¿Por qué no? Será divertido. Si quieres quedamos todos mañana y comenzamos a ensayar. Si tienes las partituras o algo para que vaya mirando, me ayudaría bastante.
—Sí. Aquí tienes unas copias de todos los temas. Son un poco chapuceros los apuntes, pero creo que te podrás hacer una idea.
—Seguro que me serán de gran ayuda.
—Aquí tienes un lápiz con los temas grabados. Así podrás escucharlos y quizás eso te sirva más.
—¡Buena idea! En cuanto pueda los escucho. Sí, me ayudará el poder escucharlos.
Después de la conversación comenzaron la clase, que fue un poco más dura que las anteriores, pero que hizo que consiguiera un sonido mucho más nítido. Después de las clases, Erika subió a su habitación y chateó con los del grupo que quedaban, dándoles la noticia de que Pedro sería él batería. Todos se pusieron alegres de haber encontrado una solución y quedaron para ensayar al día siguiente.
Juana María Fernández Llobera

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