
Los casos de la Inspectora Ruíz
"Asesinato en la playa"
Capítulo primero
La inspectora Ruíz había sido trasladada desde Valencia a Palma de Mallorca. En Valencia se había especializado en desapariciones, pero ahora iba a estar en homicidios. Cuando llegó a la comisaría, tras presentarse, preguntó por el subinspector Rodríguez, pero no había llegado todavía, así que se sentó delante de su mesa, con una taza de café caliente que le había traído el agente Vives. Una hora más tarde, el subinspector llegó con las gafas de sol negras puestas y una barba incipiente. Cuando vio sentada a una mujer delante de su mesa, expresó: “¡Hay que joderse! Entonces haciendo señales con la mano, llamó su compañera Bonnin, y le preguntó:
—¿Quién es esa mujer que está sentada delante de mi mesa? —preguntó mientras pasaba la palma de su mano izquierda por la barba.
—Es la nueva inspectora, Eduardo. Es la inspectora Ruíz.
—¡Joder! Creía que iba a venir mañana.
Fue hacía su mesa y cuando estuvo a la altura de la inspectora, comenzó a hablarle mientras extendía su brazo izquierdo para darle la mano.
—¡Bienvenida, inspectora! Creía que llegaría mañana.
—¿Le molesta que haya llegado un día antes?
—¡Para nada, inspectora! —miente el subinspector.
En esos momentos llaman por teléfono y Rodríguez descuelga. Le avisan de que han encontrado un cuerpo sin vida en la playa de Palma y expresa que va enseguida.
—Parece que se va a estrenar con un homicidio hoy, jefa. Vamos al lugar de los hechos. Hacía semanas que todo estaba tranquilo.
Cuando llegan al tramo de la playa en la cual se haya el cadáver, ya se encuentra acordonada y tanto la científica como la forense se hayan allí.
—¡Vamos, Jefa! Que le voy a presentar a la Sonia, la forense. Ya verá que es un amor, aparte de ser muy guapa.
Se acercan al lugar en el que se encontraba la forense junto al cuerpo del hombre fallecido. Puede comprobar que, como ha dicho su compañero, se trata de una mujer bastante joven y muy guapa.
—Sonia, te presento a la Inspectora Ruíz, mi Jefa a partir de ahora.
—¡Encantada!
—¡Igualmente, Sonia! Mi nombre es Isabel. También va para ti, Rodríguez.
—¡Bienvenida, Isabel! Expresa la forense mientras mira a la Inspectora directamente a los ojos.
—¡Está bien, Jefa! Es decir, ¡está bien, Isabel! Puedes llamarme Edu, me llamo Eduardo.
—¡Bueno, Edu! Ya que ya nos hemos presentado, vamos a por lo que realmente nos ocupa. ¿Qué tenemos, Sonia?
—Varón blanco, caucásico, de veintipocos años, con fractura craneal producida por un objeto contundente. Por mi experiencia, yo diría que con un bate de béisbol, aunque remataron con un martillo la faena.
Podré decir más cuando le haga la autopsia. ¡Qué pena! Era un crío.
—¿Se sabe quién es?
—En breve lo sabremos por las huellas, porque no se han encontrado documentos. Debieron robarle la cartera.
—Cuando se sepa quién es, quiero un listado de todas las personas más cercanas a él. Hay que comprobar si el fallecido había teñido cambios en las últimas semanas y si alguien sabe algo sobre lo que puede haber provocado un ataque tan violento.
—¿No crees que simplemente haya sido un robo? —pregunta Sonia mientras se levanta tras estar en cuclillas.
—Pienso que no porque hay un ensañamiento muy grande y y creo que no fue una casualidad que lo encontraran en la playa. Creo que quien los hizo, estaba a siguiendo al chico.
Al poco tiempo, el subinspector recibió una llamada con la información de los datos de quién era la víctima. Se trata de Luther Becker, de veintiún años, hijo de un conocido empresario llamado Norbert Becker. Le envían por WhatsApp la ubicación del domicilio familiar.
—Habrá que comunicárselo a su familia. Vamos al domicilio de su padre. ¿Tienes la dirección?
—Sí, Jefa. Digo, sí, Isabel.
Los dos fueron hasta el domicilio que les habían proporcionado. Una vez allí, se apearon del coche y fueron hasta la puerta de entrada a la vivienda. Se identificaron y les dejaron pasar.
—¿Es usted Norbert Becker? —pregunta la inspectora Ruíz con semblante serio.
—Sí, soy Norbert. ¿Qué ha ocurrido? Porque si están aquí es porque algo grave ha ocurrido.
—Me temo que sí, señor Becker—expresa el subinspector.
—¿Le ha pasado algo a mi ex esposa o a mi hijo?
—Es su hijo, señor Becker. Ha fallecido—expone la inspectora con tristeza en la voz.
—No puede ser. Igual se han equivocado y es otra persona.
—Lo hemos comprobado con las huellas. De todas formas, puede venir a identificarlo—responde el subinspector.
—¿Ha tenido un accidente con la moto?
—Siento decirle que lo han asesinado—expresa la inspectora.
—¿Asesinado? ¿Saben quien ha podido ser? ¿Ha sido para robarle?¿Cuál es la razón de que hayan matado a un chico tan joven?
—Aún no lo sabemos, pero conseguiremos saber qué ha ocurrido. Tenga por seguro que encontraremos al culpable—expresó la inspectora con firmeza.
—Eso espero. Ahora acompáñenme a ver a mi hijo. Quiero estar seguro de que es él y, si lo es, quiero despedirme. Luego llamaré a su madre. Estamos divorciados desde hace cinco años, pero nos llevamos bien. Luego también llamaré a Sonia, su novia.
Así fue como acompañaron al padre de Luther Becker a comprobar si realmente era su hijo.
Juana María Fernández Llobera

Esta web se reserva el derecho de suprimir, por cualquier razón y sin previo aviso, cualquier contenido generado en los espacios de participación en caso de que los mensajes incluyan insultos, mensajes racistas, sexistas... Tampoco se permitirán los ataques personales ni los comentarios que insistan en boicotear la labor informativa de la web, ni todos aquellos mensajes no relacionados con la noticia que se esté comentando. De no respetarse estas mínimas normas de participación este medio se verá obligado a prescindir de este foro, lamentándolo sinceramente por todos cuantos intervienen y hacen en todo momento un uso absolutamente cívico y respetuoso de la libertad de expresión.
No hay opiniones. Sé el primero en escribir.
